"Yo sería capaz de hacer muchas cosas..."

En 104 formas de engañarse, encuentras a Clara, “que es imbécil, ella lo dice: lo que vas a leer aquí es, cómo yo pasé de ser imbécil a no serlo, nunca estás a salvo de enamorarte”, dice Begoña Oro, su autora.

En entrevista con Educación Hoy, desde su casa en España, Begoña afirma que, para que los jóvenes lean mi libro, les diría que “todos nos engañamos, hay muchas maneras de hacerlo, puede que las formas de engañarse de Clara, te ayuden a darte cuenta que lo estás haciendo y así puedas ser más feliz”.

Begoña Oro no conoce ninguna limitación, cuando se trata de invitar a le gente a leer “yo pienso que cualquier reclamo es poco, yo sería capaz de hacer muchas cosas por tomar a un chaval y decirle: ‘lee mi libro’, le invitaría un chocolate con churros. Creo que en el fomento a la lectura todo es poco, si un booktrailer va a hacer que un chaval se anime a leer mi libro, bienvenido sea”.

El booktrailer de Croquetas y wasaps –título original de 104 formas de engañarse– fue realizado por Fernando Sancho.

Uno de los temas importantes de 104 formas de engañarse es la soledad, porque “ese sentimiento siempre ha existido en la adolescencia, bueno en los adultos también, igual en los niños, aunque lo desestimemos, siempre tenemos esa sensación de, en lo más profundo, estar solos. Muchas veces, yo creo que leemos, escribimos para afrontar esa sensación de soledad profunda, porque la adolescencia es esa época en la que las amistades tienen mucha importancia, pero siempre hay cosas en las que te cuesta compartir y te puedes sentir muy solo”.

Una de las características de 104 formas de engañarse son sus capítulos cortos, algunos incluso de una página, “al final se ha convertido en mi estilo, escribo en capítulos cortos porque me nace así, también es verdad que fue el legado de haber trabajado como columnista, donde tenía 2 mil 100 caracteres, entonces ya se me ha amoldado el cerebro. También tiene que ver con el tiempo mío, el tiempo que tengo de hacer el capitulo y de corregirlo antes de ir a buscar al niño al colegio, son mis tiempos personales”, explica Oro.

Tras unos segundos de reflexión, agrega: “pensando en un lector joven, que tiene millones de estímulos, wasaps que le pueden mandar en cualquier momento o cualquier urgencia hormonal que pueda tener, creo que le facilito un poco la vida si le doy capítulos cortos y también es: ‘ah es corto, bueno voy a leer uno más’, porque si no tienes el: ‘ufff esto no acaba hasta dentro de 20 paginas’”.

A lo largo de sus páginas, la tecnología es un elementos esencial en 104 formas de engañarse, no en vano su título original es Croquetas y wasaps–la forma en que los españoles le llaman al WhatsApp–.

Al respecto, Oro afirma: “cada que incluyo algo en una novela es porque quiero creer que es importante para la novela, no son pegotes, creo que se notaría si dijera voy a llegar a más jóvenes si meto esta cosita tecnológica, lo hago desde la necesidad, que la historia te pida que este ahí, es absurdo pensar que unos chavales de esta generación se envían telegramas o que se mandan a caballo una misiva, lo normal es que se manden wasap”.

La tecnología no solo cambia la manera en la que contamos las historias, “cambia la manera en que leemos, porque cada vez nos cuesta más hacer una lectura profunda y pues también está influyendo en nuestra manera de escribir, por ejemplo, Twitter nos obliga a ser sintéticos, a ser ingeniosos, en un numero limitado de caracteres y yo veo mucho derroche de ingenio, también veo tonterías, pero quiero centrarme en lo positivo. Lo bueno de los libros, es esa capacidad de profundizar que no nos permiten estas otras plataformas de lectura y escritura”.

Sobre el uso de la tecnología, Begoña Oro tiene una posición muy clara: “yo tengo mucha envidia de esta generación que tiene a su disposición toda esta tecnología, porque veo, soy testigo, de cómo chavales lectores, se unen a través de la tecnología, hace muy poco fui de la Feria del Libro de Madrid y ahí he asistido a la reunión de los blogueros literarios, se han juntado, unos 500 chicos y chicas que se conocieron a través de internet y que tienen en común que les gusta mucho leer y ellos, de otro modo, de no ser por la tecnología no se habrían llegado a conocer”.

Begoña Oro es una entusiasta de las nuevas tecnologías “he hecho pequeñas incursiones en lo que llaman literatura transmedia, literatura con varios soportes, Pomelo y limón, era una novela que tenía un blog con comentarios reales de personajes y de lectores. Los personajes tenían un perfil en Facebook que fui alimentando durante un tiempo, fue un pequeño experimento, al final, lo importante sigue siendo la historia, la que se contaba en la cueva, al calor de la lumbre, cuando no había otra cosa que hacer y ese amor por la palabra creo que seguirá estando ahí y se nos abren las posibilidades de añadir fotos, de añadir cosas que antes ni imaginábamos, pero la historia y las palabras seguirán siendo lo esencial”.

Sobre la diferencia entre escribir para niños y adolescentes, Begoña opina “hay mucha, cuando escribo para niños a veces hago historias fantásticas, pero no para adolescentes y no porque no haya lectores que les guste el género fantástico, pero es como que yo misma pongo una barrera y digo, quiero hablar con vosotros en serio, también se puede hablar en serio desde el género fantástico, pero a mí no me sale”.

El panorama actual de la literatura juvenil es considerado por Oro, como muy rico “hay mucha gente escribiendo, hay de todo, como siempre ha habido, se habla mucho, a veces se desdeña a la literatura juvenil como de segunda, yo veo a muchos colegas que están abordando la tarea de escribir para jóvenes con mucha exigencia literaria y otros que no, lo mismo en libros para adultos hay libros sin ambición, solo por pasar el rato y libros de gran calado”.

Begoña Oro se reconoce devota de Harry Potter, “entre mis colegas encuentro escritores que agradecen a Harry Potter y otros cascarrabias, les llamó yo, que dicen que los lectores de Harry Potter solo leen esos libros y nada más”.

“Esa generación ha crecido y yo veo que hay muchos que leen otras cosas y otros que no, que se quedaron ahí, yo soy devota de San Harry Potter, porque además, los libros me parecen de una calidad excelente y creciente, los últimos libros me parecían brutales, con una profundidad psicológica que no tenían los primeros, desde luego una cosa innegable y, que te lo puedo decir porque fui editora, es que quitaron el miedo a las paginas, cuando era editora en los tiempos previos a Harry Potter, veíamos un libro de 200 páginas y era un ‘uy, esto’, se echaba para atrás porque a los lectores les daba miedo, ahora, a mi me reprochan que mis libros son cortos, porque un libro de 200 páginas parece corto ahora”.

Por su libro Pomelo y limón, Begoña Oro ganó el Premio Gran Angular, en el año 2011, lo que para la escritora significó “un tiempo de tranquilidad económica para poder dedicarme a escribir, porque claro que esto de dedicarte a escribir es complicado, las facturas llegan puntualmente, pero los ingresos no tanto, entonces ganas un premio y puedes estar unos meses sin tener que coger encargos y encarguitos por allá y por aquí”.

Por el mismo libro ganó, el Premio Hache, en 2012, otorgado por votación directa de lectores de entre 12 y 14 años “te da el reconocimiento de quien quieres tenerlo, está muy bien que un jurado te elija, pero que sean los propios jóvenes con los que tu te quieres comunicar, que te digan ‘vale me has llegado’, hemos establecido ese puente de comunicación, eso tiene mas valor”.

Fuente: Ediciones SM