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Una profesora explica cómo hace para que sus estudiantes lean 40 libros al año

maestra lectura

  • Los métodos de enseñanza de Nancie Atwell la convirtieron en la primera ganadora del Global Teacher Prize, en 2015

Los estudiantes de secundaria que acuden al Center for Teaching & Learning (CTL), en Maine, Estados Unidos, leen en promedio 40 libros al año. Otros estudiantes de su edad en ese país leen alrededor de ocho títulos en el mismo periodo. ¿Cuál es el secreto de esta institución educativa?

Para entenderlo, hay que conocer la historia de la fundadora de este espacio, la maestra Nancie Atwell, que en 2015 se convirtió en la primera ganadora del Global Teacher Prize. Recibió dicho reconocimiento, considerado por algunos como el Nobel de la Educación, gracias al “impacto inspirador que ha tenido en sus estudiantes y en su comunidad”.

En un video realizado por la Fundación Varkey, responsable del premio, Atwell cuenta que nunca pensó en ser docente. Pero estudió Inglés en la Universidad y al graduarse decidió que se dedicaría al magisterio. “La primera vez que entré a un salón de clases me sentí como en casa”, explica Atwell, quien transmitió a su hija ese amor por la enseñanza.

Al darse cuenta de las enormes capacidades que podía potenciar en sus alumnos, quiso compartir sus métodos con otros docentes. Por eso creó el CTL, un espacio educativo donde enseña al mismo tiempo a maestros y a jóvenes.

“La esencia de lo que enseño es la libertad de elección. Los niños escogen lo que van a leer y el tema del que van a escribir”, cuenta Atwell, convencida del poder infinito que tienen las historias en las mentes de chicos y grandes. En su opinión, ya no es posible que los niños y jóvenes solo entiendan a sus comunidades, sino que es necesario que sientan curiosidad y empatía por lo que sucede más allá de sus fronteras. En ese sentido, los libros son una gran herramienta para abrir su mundo.

Según la profesora, otras claves para obtener altos índices de lectura en su centro escolar, son contar con una oferta variada de libros -que contemple los intereses diversos de los niños-; y una disponibilidad de tiempo y espacio para leer en la escuela.

Los estudiantes del instituto cuentan con un tiempo libre de otras obligaciones para dedicar a la lectura, y lo hacen en un espacio diseñado para eso: sillones y cojines cómodos -distintos de los asientos en los que permanecen durante las otras horas de la jornada escolar- una biblioteca atractiva y un ambiente tranquilo. Atwell confía en que el hábito de la lectura comienza en la escuela y se afianza en casa.

Fuente: Fundación Varkey, ABC

Publicado el 13 de abril de 2017 

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