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¿Se puede detener el ‘bullying’?

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  • Los estudios de la OCDE sugieren que las actitudes y el comportamiento del profesorado pueden influenciar la medida en que el acoso escolar se manifiesta en el aula.
  • Este artículo fue escrito originalmente en inglés por Mario Piacentini, analista de la Dirección de Educación y Habilidades de la OCDE. Se publicó en el blog de la organización el pasado 18 de julio de 2017.

El último estudio de la prueba PISA explica algunos hechos básicos sobre el acoso escolar. En primer lugar, la intimidación es generalizada. En segundo lugar, todos los tipos de estudiantes -niños y niñas, ricos y pobres- corren el riesgo de ser intimidados. En tercer lugar, la intimidación está fuertemente asociada con el bajo rendimiento y la angustia psicológica. En cuarto lugar, la calidad del clima escolar está relacionada con la incidencia de la intimidación en la escuela.

Los reportes de bullying son alarmantemente altos en casi cada país. Alrededor de 4% de los estudiantes en los países de la OCDE reportó ser golpeado o molestado por otros estudiantes al menos un puñado de veces al mes. Otro 8% de los estudiantes reportó ser objeto frecuente de chismes destructivos en la escuela. El acoso físico es menos común entre las niñas, pero ellas son víctimas más frecuentes de formas sutiles de acoso. Los ya mencionados rumores pueden ser igual de dañinos que otros tipos de violencia más visibles. Los estudiantes inmigrantes recién llegados también suelen ser el blanco de los bullys.

También se encontró que los estudiantes intimidados tienen más probabilidades de tener un bajo rendimiento en la escuela, y que las escuelas donde el acoso es más frecuente obtienen puntajes mucho menores en las pruebas PISA que las escuelas donde el acoso es menos frecuente. Este factor tiene más peso en el rendimiento académico que otros factores, como el estatus socioeconómico. Los resultados de PISA muestran que el estrés sufrido por las víctimas de acoso físico o emocional puede conducir a problemas de ansiedad y depresión. Quienes son intimidados también tienen más problemas para concentrarse en el aula.

El mensaje básico es claro: debemos hacer más para reducir el acoso en las escuelas. Con el crecimiento del ciberacoso, las acciones son más urgentes que nunca. Pero debemos preguntarnos: ¿Puede detenerse el acoso escolar? Las evidencias muestran que es posible reducir considerablemente la incidencia de este problema. Los datos de PISA sugieren que algunos factores ambientales, como las actitudes y el comportamiento del profesorado, puede influenciar la medida en la que los problemas de acoso escolar se manifiestan.

Las escuelas donde los maestros son capaces de mantener su clase en silencio y donde los estudiantes perciben un trato igualitario de parte de los docentes, tienen una menor incidencia de bullying que las escuelas con problemas de disciplina y con relaciones negativas entre maestros y alumnos. Reducir la incidencia de acoso escolar es más fácil en un entorno escolar caracterizado por la calidez, la atención y el interés de los adultos. Lo mismo en las escuelas que establecen límites firmes en cuanto a comportamientos inaceptables y cuyos maestros actúan como autoridades y modelos positivos.

Crear una cultura escolar que ayude a reducir el acoso y la intimidación requiere un compromiso de toda la escuela, y acciones coordinadas entre el personal, los estudiantes y los padres. Existen programas anti-acoso que han sido exitosos, en países como Finlandia o España. Estos incluyen un entrenamiento en el que los maestros aprenden cómo actuar ante comportamientos de bullying y cómo manejar los procesos que este problema genera en un grupo. Además incluyen encuestas a los estudiantes para monitorear la prevalencia del problema, y estrategias para obtener información e involucrar a los padres. Para ser efectivos, los programas necesitan ser de largo plazo, monitorearse frecuentemente y ser evaluados.

El acoso escolar no va a desaparecer pronto, pero con un esfuerzo conjunto entre escuelas, padres y estudiantes, ir a la escuela puede convertirse en una experiencia más sana y feliz. Las políticas públicas pueden apoyar la implementación de programas anti-acoso en las escuelas y facilitar la investigación y las evaluaciones para incrementar la efectividad de los mismos.

Fuente: Education & Skills Today, OCDE

Publicado el 7 de agosto de 2017

 

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