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Preparar a los maestros para el cambio, dentro y fuera de la profesión

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  • Este artículo fue escrito originalmente en inglés por Andreas Schleicher, titular de la Dirección para la Educación y las Habilidades de la OCDE.

Todos los años, en marzo, los ministros de educación y los dirigentes sindicales de los sistemas educativos de mejor desempeño y mejoramiento (según PISA) se reúnen para buscar formas de mejorar la situación de la profesión docente. Muchos países podrían utilizar esa orientación. Mientras que en Finlandia la enseñanza se ha convertido en la profesión más prestigiosa, en otros países la situación es muy diferente. En la República Eslovaca, Francia y Suecia, por ejemplo, sólo 5 de cada 100 profesores coinciden en que la enseñanza es una profesión valiosa en la sociedad. En Croacia y España, menos de 10 de cada 100 profesores están de acuerdo.

Ministros y dirigentes sindicales coinciden en que el éxito reside en la apropiación de la profesión. El cambio real no sucederá si los maestros no son agentes activos para el cambio. Cuando los gobiernos no tienen éxito en incluir a los maestros en el diseño de las reformas, los maestros no pueden y no ayudarán mucho en la implementación de dichas reformas. Eso tiene que ver con la confianza pública en los profesionales y en la profesión; con las decisiones que se toman de acuerdo al cuerpo de conocimientos de la profesión; y con la aceptación de la responsabilidad en nombre de la profesión.

La cumbre de este año, que se llevó a cabo en Edimburgo, Escocia, se concentró en cómo la educación puede hacerse más sensible a los cambios de las demandas sociales, y al mismo tiempo, resiliente al cambio político. Una cosa está clara: entre más débil esté la profesión, más vulnerable estará la ante las decisiones políticas, y los educadores tendrán menos confianza en la noción de que los problemas que enfrentan pueden ser resueltos a partir de las evidencias y la ciencia.

Los ministros compartieron buenos ejemplo de cómo los gobiernos pueden ayudar a que las grandes ideas se hagan realidad, de cómo se puede fortalecer la autonomía profesional y una cultura colaborativa donde las grandes ideas se comparten y se mejoran, y donde el acceso a los apoyos financieros y no-financieros llevan estas ideas a la acción.

Estonia recordó a los participantes sobre la importancia de celebrar los éxitos y encontrar mejores manera de reconocerlos, recompensarlos y darles una exposición que transmita las expectativas del sistema. Los gobiernos pueden construir incentivos para fortalecer dicha visibilidad y demandar lo que funciona. De hecho, muchos ministros hablaron de la importancia de políticas educativas basadas en la evidencia, y eso funciona mejor cuando los profesionales juegan un rol en el desarrollo de las políticas. Los líderes sindicales de Suecia afirmaron que los maestros quieren, y necesitan, ser parte de esas investigaciones y conducirlas. Como su nombre lo indica, las políticas basadas en la evidencia comienzan con la evidencia.

Singapur compartió su experiencia en el establecimiento de una capa intermedia en la profesión, que no es el gobierno sino la gobernanza. Explicaron cómo al permitir un libre intercambio de ideas entre los profesionales de la enseñanza, los diseñadores de políticas y los investigadores, es posible construir una confianza que funcione como pegamento de las asociaciones profesionales. La confianza es necesaria en todas las direcciones: entre la política y la práctica, entre la práctica y las investigaciones, entre las investigaciones y la política.

En Holanda se ha puesto en marcha un nuevo Fondo de Innovación de Maestros, en el que los maestros solicitan fondos para la proyectos innovadores. Los resultados no son evaluados por el gobierno, sino por otros maestros, quienes deciden qué proyectos se financian y cuáles no.

Todas estas son lecciones valiosas. Pero la cumbre también concluyó con muchos asuntos sin resolver.

Como plantearon los representantes de Nueva Zelanda, para asegurar resultados excelentes para todos los niños, necesitamos un enfoque mucho más puntual: un enfoque que identifique qué niños y dónde, qué recursos y para qué, y cómo dar a estos niños la educación que todos los buenos sistemas deberían dar. Mientras que es fácil aceptar ese principio en los niños, también necesitamos extenderlo a los maestros. Necesitamos pensar de formas mucho más creativas sobre cómo podemos capitalizar los diversos intereses, habilidades y aspiraciones de los maestros.

Inevitablemente, eso será difícil. Pero no podemos tener maestros que persigan un misión social y personal si nuestros enfoques continúan siendo industriales. Singapur nos mostró que la diferenciación profesional no consiste necesariamente en el pago, sino también en las oportunidades para el desarrollo profesional.

La cumbre también discutió cómo reconciliar la creciente presión del público por una mayor flexibilidad en la educación con el imperativo de la inclusión y la responsabilidad pública que los gobiernos tienen hacia todos sus ciudadanos. La excelencia y la equidad son inseparables. Aún así, la excelencia no surge automáticamente de la equidad, ni viceversa.

Los países también necesitarán encontrar mejores maneras de reconciliar el imperativo de la innovación con la necesidad de estabilidad, coherencia y equidad. Todos necesitan desarrollar expectativas realistas sobre el ritmo y la naturaleza de la reforma, incluso si eso es difícil en el calor del debate. Escocia nos recordó que el tiempo y la paciencia son necesarios para entender el impacto de las reformas, para construir confianza y desarrollar la capacidad necesaria para moverse al siguiente nivel de desarrollo de políticas.

Muchos países también intentan enfocarse en los severos retos del reclutamiento. Solo tendrán éxito si pueden hacer que la profesión sea más atractiva a nivel financiero e intelectual, y si pueden resolver asuntos de la carga de trabajo y el bienestar de los maestros. Inglaterra y Nueva Zelanda nos dijeron que los maestros necesitan tiempo sobre todas las cosas: más tiempo para prepararse, para colaborar con otros colegas y hacer las cosas que quieren para mejorar las vidas de los niños. Yo no creo que podamos seguir igualando la necesidad de mayor tiempo con la necesidad de más personal. Ninguna profesión puede hacerlo. Dada la constricción en los presupuestos públicos, necesitamos encontrar maneras más innovadoras de trabajar con la gente, los espacios, el tiempo y la tecnología que ya tenemos para responder a los nuevos retos.

Fuente: Education and Skills Today, OCDE

Publicado el 8 de mayo de 2017 

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