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 La importancia de la motivación en la Educación

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  • La motivación conduce a un mayor esfuerzo y energía, aumenta la persistencia en las actividades y permite dirigir nuestro comportamiento hacia objetivos particulares y únicos.
Por: Rafael García Llorente
 
A lo largo de su vida académica, nuestros alumnos se encuentran con muchos escollos que tienen que superar para lograr alcanzar la meta de sus aprendizajes. Uno de estos obstáculos, posiblemente uno de los más importantes y casi con total seguridad uno al que todos nos hemos tenido que enfrentar es la falta de motivación.
 
Es común encontrarse en medio de conversaciones con alumnos que te expresan que no pueden conseguirlo, que es muy difícil, que el esfuerzo no merece la pena, que creen que lo mejor es tirar la toalla y redirigirse hacia metas más fáciles de conseguir, en menos tiempo y con menos esfuerzo.
 
Es en este momento cuando los tutores tenemos una labor fundamental y que es poco reconocida: tenemos que conseguir redirigir a estos estudiantes y motivarles para que sigan su camino, enseñándoles que nada en la vida es sencillo y que, si se esfuerzan, la mayoría de las metas que nos proponemos las podemos conseguir.
 
Podemos decir que la motivación tiene varios efectos en el aprendizaje y el comportamiento de los estudiantes.
 
Gracias a la motivación podemos dirigir nuestro comportamiento hacia objetivos particulares y únicos. Los teóricos cognitivos sociales proponen la necesidad de que los alumnos se pongan metas y que dirijan su comportamiento en consecuencia a lograrlas.
 
La motivación determina los objetivos específicos hacia los cuales los alumnos se esfuerzan y, por lo tanto, afecta las elecciones que hacen los estudiantes, por ejemplo, para elegir los estudios que quieren realizar en un futuro y por lo tanto el itinerario que tienen que recorrer, o a corto plazo para elegir entre para pasar una tarde estudiando o realizando tareas desafiantes o para pasarla jugando videojuegos.
 
La motivación conduce a un mayor esfuerzo y energía. La motivación aumenta la cantidad de esfuerzo y energía que nuestros alumnos gastan en actividades directamente relacionadas con sus necesidades y objetivos. Por lo tanto, la motivación es lo que determina si se enfrentan a una tarea de manera entusiasta o si lo hacen con apatía y desgano.
 
La motivación aumenta la persistencia en las actividades. Los estudiantes tienen más probabilidades de comenzar una tarea que realmente quieren hacer. También es más probable que sigan trabajando en ella hasta que la hayan completado, incluso si ocasionalmente se ven interrumpidos o frustrados en el proceso. En general, sabemos que la motivación aumenta el tiempo dedicado a la tarea de los estudiantes, siendo este un factor fundamental que afecta a su aprendizaje y a su capacidad de conseguir sus objetivos.
 
La motivación afecta a los procesos cognitivos. Gracias a ella los alumnos prestan atención y son capaces de procesar los aprendizajes de manera eficaz. Por ejemplo, los estudiantes motivados a menudo hacen el esfuerzo de intentar asimilar con eficacia los contenidos trabajados dentro del aula para aprenderlos de manera significativa, y son capaces de asimilarlos determinando la manera en la que les afecta y la manera en que pueden usarlos en sus propias vidas.
 
La motivación determina qué consecuencias se refuerzan y castigan. Cuantos más alumnos estén motivados para lograr el éxito académico, más se enorgullecerán de sus logros y con mayor dedicación se enfrentarán ante resultados adversos para lograr superarse en futuras etapas de su aprendizaje.
 
Fuente: SM Conectados
 
Publicado el 30 de noviembre de 2017 
 

 

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