Sala de prensa

“La escuela juega un papel clave en el aprendizaje del respeto a los derechos de otras personas”: Cecilia Fierro

Cecilia Fierro

  • En entrevista, la especialista explicó que fomentar la convivencia inclusiva, participativa y responsable en las escuelas es indispensable porque es a través del desarrollo de habilidades y competencias para el diálogo, el trabajo colaborativo y la participación en el aula y otros espacios escolares que se fortalece la cohesión social.

María Cecilia Fierro Evans, investigadora y académica de la Universidad Iberoamericana León, nos explica que la escuela juega un papel clave en el aprendizaje del respeto a los derechos de otras personas. Fomentar la convivencia inclusiva, participativa y responsable en las escuelas es indispensable porque es a través del desarrollo de habilidades y competencias para el diálogo, el trabajo colaborativo y la participación en el aula y otros espacios escolares que se fortalece la cohesión social.

 

En años recientes se ha reconocido que la convivencia es un elemento constitutivo de la calidad de la educación. Ya que, en un sentido, es el corazón de la experiencia educativa vivida. Fierro, consultora externa de diversos proyectos nacionales para la SEP, así como colaboradora en estudios internacionales para la OCDE y la UNESCO Santiago, nos explica que se puede pensar la convivencia como el gran puente que conecta la vida privada y la vida pública, ya que “lo que ocurre como experiencia de vida y de aprendizaje en los espacios de convivencia domésticos y escolares será la pauta para la vida ciudadana”. 

 

La integrante del Consejo Técnico de Evaluación de la Oferta Educativa del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) nos explica la importancia de que la escuela sea el ámbito en el que se puedan ofrecer oportunidades de vida distinta a las personas, como lo muestran los testimonios que narra en su libro Ojos que si ven: casos para reflexionar sobre la convivencia en la escuela (Ediciones SM).

 

Ediciones SM: ¿Por qué considerar la convivencia como un elemento indispensable de la calidad educativa?

María Cecilia Fierro: La convivencia se ha reconocido en años recientes como un elemento constitutivo de la calidad de la educación por el hecho de que, a través de diversas evaluaciones interesadas en identificar factores asociados al logro educativo, la variable que ha emergido como más relevante tiene que ver con el clima favorable al aprendizaje, tanto en el salón de clases como en la escuela. Se observó que la variable “ambiente emocional favorable al aprendizaje”, por sí sola, pesa más en los resultados de los alumnos que todos los demás factores reunidos. 

Este hallazgo se ha observado tanto en estudios hechos con la prueba Enlace en México, como con pruebas internacionales tales como PISA de la OCDE (Casassús, 2005). Sin embargo la importancia de la convivencia no se reduce a su papel fundamental para el logro educativo, sino por su contribución en la formación para la vida. En la vida diaria de la escuela adquirimos modos de relacionarnos con otras personas, lo que se traduce en que este vivir con otros es una escuela para la vida. La manera en que día a día se viven los espacios de trabajo en el aula, el  manejo de normas y conflictos en la escuela,  el  reconocimiento o no de las diferencias, el trato con padres y madres de familia, la manera en que alumnos se relacionan entre sí y con sus docentes, son todas oportunidades en las que se aprenden formas de vivir con otros y en las cuales queda la marca de lo que significa la exclusión, el mal trato, la segregación, el uso de la violencia como primera vía para resolver las diferencias o, por el contrario, el recurso al diálogo, al respeto, al cuidado del otro. Por eso es que algunos autores dicen que en estas interacciones que se dan en la convivencia diaria está el meollo de la educación. La convivencia es, en este sentido, el corazón de la experiencia educativa vivida.

 

Ediciones SM: ¿Qué tiene que ver la convivencia con el ámbito de lo público?

 

María Cecilia Fierro: Podemos pensar la convivencia como el gran puente que conecta la vida privada y la vida pública. ¿Por qué? Si compartimos la reflexión  de Humberto Maturana (2006) cuando nos dice que los educandos se transforman según el convivir con los adultos, tanto en su primera comunidad de referencia, la familia, de la misma forma que en la escuela, con sus profes y compañeros, ya que aprenden el pensar, el reaccionar, el mirar que viven con ellos. Entonces, lo que ocurre como experiencia de vida y de aprendizaje en los espacios de convivencia domésticos y escolares será la pauta para la vida ciudadana. 

 

La escuela juega un papel clave en el aprendizaje del respeto a los derechos de otras personas, donde se aprende también el respeto a la diferencia, el respeto básico a normas y procedimientos establecidos, así como las bases elementales de la transparencia.

 

Ediciones SM: ¿Por qué al hablar de convivencia escolar debe hablarse de respeto a la diversidad, diálogo, reflexión, solidaridad, empatía y toma de perspectiva?

 

María Cecilia Fierro: Porque se trata de las habilidades sociales indispensables para aprender a vivir con los otros distintos. Ya lo decía el Informe Delors (1996) cuando planteaba: ¿cómo podremos aprender a vivir en la aldea planetaria si no podemos vivir con los próximos en nuestros espacios domésticos, escolares, en los barrios y en los pueblos que habitamos?

  

Ediciones SM: ¿Por qué fomentar la convivencia inclusiva, participativa y responsable en las escuelas?

 

María Cecilia Fierro: Hay tres atributos en función de los cuales la convivencia puede ser analizada, ya sea para elaborar diagnósticos o propuestas de intervención. El primero tiene que ver con la inclusión, es decir con la importancia de reconocer la dignidad de todas las personas partiendo de una valoración de sus características de género, etnia, religión, cultura, grupo social, capacidades, entre otros. En segundo lugar, el eje democracia refiere a la participación y corresponsabilidad en la generación y seguimiento de los acuerdos que regulan la vida en común, así como el manejo de las diferencias y conflictos. Estos dos ejes, democracia e inclusión, son la base sin la cual no puede darse la convivencia pacífica, que refiere a la capacidad de establecer interacciones humanas basadas en el aprecio, el respeto y la tolerancia.

 

Fomentar la convivencia inclusiva y democrática es, según Galtung, la única vía para alcanzar una paz positiva, es decir la paz justa. La que se establece sin necesidad de que un orden externo la imponga.

 

Ediciones SM: Ojos que sí ven, ¿por qué ese título para un libro que aborda el tema de la convivencia escolar?

 

María Cecilia Fierro: “Ojos que sí ven” es el título que emerge de uno de los testimonios recogidos en este libro, en el capítulo dos (colección Somos Maestros, Ediciones SM). Es el relato de una maestra de quinto grado de primaria, quien de pronto tomó conciencia de algo que quizás “ya sabía”, pero no había “visto”. La situación grave de violencia intrafamiliar con una alumna, quien además era fuertemente rechazada por sus compañeros de clase debido a su condición de pobreza y descuido personal.

 

“Ver”, en su experiencia, fue tomar contacto con un rostro, una persona, una historia que la con-movió, es decir, que la movió de lugar. La experiencia que nos narra esta maestra hace patente el sentido del refrán: “ojos que no ven….”. En su caso, ocurre lo contrario. Hay que leer la historia de Ana.

 

Alguien me preguntó en una conferencia si lo que allí narramos es inventado. ¡De ninguna manera! No hay un solo testimonio en el libro que no sea recogido en la voz y con las palabras de sus protagonistas. …Quizás cuesta creer que con tanta sencillez y simplicidad sea posible en la escuela ofrecer una oportunidad de vida distinta a una persona, como Ana.

 

Ediciones SM: ¿De quién es el problema de los alumnos "problema"?

 

María Cecilia Fierro: Te lo voy a responder con una pregunta. Dime dónde están los niños, niñas y adolescentes que por distintos mecanismos fueron expulsados del sistema educativo sin completar al menos el ciclo de la educación básica. Dime dónde están, en qué trabajan, con quiénes conviven. Y allí está la respuesta de si es o no problema que corresponde a las escuelas atender, utilizando siempre los recursos pedagógicos disponibles. Es muy notable la conciencia de impotencia que manifiestan muchos docentes y directivos ante los estudiantes que presentan problemas de comportamiento. La visión que comunican es que sólo una intervención psicológica puede ayudarlos. Sin descartar su importancia, he visto a muchos docentes desplegar distintas estrategias de orden pedagógico que les ayudan a reengancharse con la posibilidad de aprender en la escuela y a relacionarse de otra manera con sus compañeros. Eso me hace pensar que si no es “problema” de las escuelas el “problema” de los alumnos cuyas condiciones de vida los colocan en situaciones de riesgo social, entonces ¿de quién sí es?

 

Publicado el 4 de diciembre de 2014.

portada_blog: 

Suscríbete a nuestro boletín

Recibe cada mes una selección de la mejor información sobre los temas educativos más relevantes, para tomar las decisiones correctas.

Go to top