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Escuelas en la encrucijada de la innovación

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  • Aislar a las escuelas de una realidad caracterizada por la hipercomunicación y la colaboración transfronteriza no ayudará al cambio ni a la innovación educativa.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés por Dirk Van Damme, líder de Innovación y Medición del Progreso en la Dirección de Educación y Habilidades de la OCDE.

En un pasado no muy lejano, se pensaba que uno de los rasgos principales de las escuelas era su posibilidad de aislar a los aprendices del ambiente externo para que estos pudieran aprender. Separar a los niños de un ambiente deprimente era percibido como la mejor manera de guiarlos a niveles más altos de conocimientos, habilidades y sabiduría.

Las escuelas han cambiado mucho en años recientes, pero todavía son definidas por estos límites espacio-temporales que las separan del mundo. Pero algunas pedagogías progresistas modernas han ido abriendo gradualmente la escolarización al desplazar a los niños fuera de la escuela y hacia los entornos naturales y sociales circundantes, introduciendo un nuevo proceso de aprendizaje basado en desafíos realistas y relevantes.

En la mayoría de los casos, sin embargo, las escuelas siguen siendo espacios aislados, definidos por muros de hormigón y cercas de hierro, donde la vida está dictada por el ritmo de la campana escolar.

Esta forma de pensar es muy diferente a la realidad del mundo de hoy, caracterizado por la hipercomunicación y la colaboración transfronteriza. El aislamiento de la escuela hoy puede ser nocivo para los jóvenes y no ayudará al cambio ni a la innovación educativa.

Ninguna institución moderna se transforma únicamente hacia el interior, sino que lo hace en reacción al medio ambiente y a sus retos continuos. En el mundo de hoy, estas presiones y retos hacia las escuelas se van acumulando. Por ejemplo, en la demanda de empleados con más habilidades o en la forma en que la sociedad civil reclama cambios en los sistemas educativos para que las escuelas contribuyan al bien común. Muchas veces, la respuesta de los educadores es la defensiva y autoprotectora.

Es tiempo de repensar la escuela radicalmente, en términos de apertura y colaboración: como nodos pertenecientes a ecosistemas más amplios de innovación y aprendizaje. Las escuelas están entre las instituciones de aprendizaje más importantes en las sociedades modernas, y tienen un enorme potencial para jugar un rol crítico en procesos de producción y diseminación del conocimiento. También en la innovación respecto a la economía local y regional.  

Los innovadores en educación estarán de acuerdo en que el capital humano juega un rol crucial. Sin embargo, muchas veces priorizan el conocimiento y las habilidades individuales sobre la participación activa de las escuelas como ambientes de aprendizaje donde la innovación ocurre. Las escuelas pueden, y deberían, jugar un rol muy importante en la construcción de capital social de las comunidades locales, al ofrecer servicios que mejoren el bienestar y la cohesión social en las mismas.

Al desarrollar esta visión de ecosistemas en las escuelas, y abrirlas a la economía y a la sociedad que las rodea, muchos actores se sentirán empoderados para apoyarlas y contribuir a su desarrollo. Los empleados locales pueden expandir su papel para contribuir con el aprendizaje de los alumnos.

Abrir las escuelas puede generar un sistema de gobernanza educativa completamente diferente, donde las relaciones sean más horizontales y el sistema de colaboración se expanda para incluir a otros actores. Ese desarrollo puede fortalecer la relevancia de lo que se aprende en las escuelas y contribuir al aprendizaje social y emocional, que es esencial para la formación de buenos ciudadanos y seres humanos comprometidos.

Las escuelas innovadoras cuestionan los límites de tiempo, espacio, currículo y procesos de aprendizaje que la tradición suele imponer. Es cierto que el aprendizaje profundo muchas veces requiere concentración y silencio respecto al ambiente externo. Y que el mundo de las redes puede ser bastante ruidoso.

Pero la era en la que el aislamiento y la separación eran necesarios para el aprendizaje ya no existe. Las escuelas están la encrucijada de la innovación: se están convirtiendo en actores importantes de los procesos innovadores en la economía y la sociedad y se benefician de que el mundo externo busque la innovación de la institución.

Fuente: OCDE

Publicado el 30 de octubre de 2017 

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