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Para desarrollar el cerebro del bebé, léale los libros correctos en el momento adecuado

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  • La psicóloga Lisa Scott narra los estudios científicos que ha liderado para profundizar en los efectos que tiene la lectura en los bebés de seis meses.

Cada vez es más común escuchar que la lectura es una actividad crítica para apoyar el desarrollo de los niños. Cada vez más padres en Estados Unidos reconocen la importancia de este hábito. Lo que no es tan claro es si el tipo de libros que se eligen son tan importantes como la experiencia en sí misma.

Un laboratorio de investigación psicológica, dirigido por Lisa Scott, ha conducido una serie de estudios con bebés con el objetivo de guiar a los padres en cómo crear experiencias de lectura de alta calidad para sus hijos. Una de sus metas, dice Scott en un artículo publicado en The Conversation, es entender mejor los efectos de la lectura compartida en el cerebro del niño y en su desarrollo conductual.

Varias investigaciones han mostrado los beneficios que tiene la lectura de padres a hijos desde edades muy tempranas, tanto en el lenguaje como en el desarrollo cognitivo de los niños. También se ha comprobado que mejora la relación entre padres e hijos.

Otros estudios han encontrado que tanto la calidad como la cantidad de la lectura compartida influyen en las habilidades futuras de comunicación. En otras palabras, entre más libros leen los padres con sus hijos, mayores serán los beneficios para el desarrollo de los niños.

En las investigaciones dirigidas por Scott, su equipo siguió el desarrollo de varios bebés entre seis meses y un año de edad. Uno de los hallazgos más importantes ha sido que los libros con caras, u objetos nombrados individualmente, provocan mayor aprendizaje y reacciones cerebrales más especializadas en los niños. Ese aprendizaje temprano también se asoció con los beneficios escolares mostrados cuatro años después.

El estudio fue publicado en la revista Child Development, pero la psicóloga lo explica en el artículo de The Conversation:

“Primero estudiamos a niños de seis meses para ver cuánta atención ponían a las historias con personajes que nunca habían visto. Usamos electroencefalogramas para medir sus respuestas cerebrales mientras miraban imágenes en la pantalla de una computadora. Esto nos permitió saber lo que los niños reconocen, y si podían diferenciar a los distintos personajes que les mostramos”.

“También medimos la mirada de los niños con una tecnología especial, para ver en qué partes del personaje se concentraban y cuánto tiempo ponían atención”.

“Los datos que recolectamos en la primera sesión sirvieron como base. Queríamos comparar las mediciones iniciales con mediciones futuras, que tomaríamos después de enviarlos a casa con libros donde aparecían esos mismos personajes”.

“Dividimos a nuestros voluntarios en tres grupos. En el primer grupo, los padres leían a sus hijos libros que contenían a seis personajes nombrados individualmente. Otro grupo tenía los mismos libros, pero en lugar de nombrar individualmente a cada personaje, había una etiqueta genérica usada para referirse a todos los personajes (por ejemplo Hitchel). Finalmente, tuvimos un tercer grupo en el que los padres no leyeron nada especial a los niños para el estudio”.

“Después de tres meses, las familias regresaron al laboratorio para que pudiéramos hacer las mediciones de la atención de los niños hacia los personajes. Resultó que solo los bebés que recibieron libros con personajes nombrados individualmente mostraron una mejoría en su atención, en relación con la primera visita. La actividad cerebral de los bebés que aprendieron con estos libros mostró que podían distinguir entre los diferentes personajes. No vimos estos efectos en los niños del grupo que recibían libros con etiquetas genéricas”.

“Estos hallazgos sugieren que los bebés son capaces de utilizar las letras para aprender sobre el mundo que los rodea y que la lectura compartida es una herramienta efectiva para apoyar su desarrollo en el primer año de vida”.

De los resultados se pueden extraer aprendizajes para los padres que quieren maximizar los beneficios de la lectura compartida con sus hijos. No todos los libros son iguales. Los libros que deberían leerse a los niños entre seis y nueve meses serán diferentes a los libros para niños de dos años, y de los libros para niños de cuatro años. Necesitamos leerles a los niños los libros correctos para su edad.

Para los bebés, encontrar libros que nombren a cada personaje puede llevar a tener experiencias de lectura más enriquecedoras, y tener mayores beneficios a nivel de desarrollo cerebral. Todos los niños son únicos, así que los padres deberían intentar buscar libros que interesen a su hijo.

Fuente: The Conversation

Publicado el 7 de febrero de 2018 

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