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Corea del Sur: la educación se vuelve una pesadilla

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  • El impulso a la educación en Corea del Sur ha logrado que este país se  convierta en una de las naciones con mejores resultados en PISA. Sin embargo, el exceso de horas de estudio ha tenido consecuencias negativas.

Sabemos que la educación es uno de los motores de cambio más importantes para la sociedad mexicana y, en general, de cualquier país. Sin embargo, el estudio debe ir acompañado de una vida balanceada en la que también se destine tiempo a la recreación y al descanso. ¿Qué pasa cuando no es así?

El impulso a la educación en Corea del Sur ha logrado que en tan sólo seis décadas, este país asiático pasara de una población mayoritaria de campesinos analfabetos y semianalfabetos, a convertirse en una de las naciones con mejor educación del mundo, arrebatando a Finlandia el primer lugar en las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés: Programme for International Student Assessment). Además, el 98 por ciento de los estudiantes termina la secundaria y casi un 60 por ciento obtiene un título universitario.

Para lograr estas cifras, el gobierno dedica casi el 7 por ciento de su PIB a la educación. y destina dinero para apoyar que sus alumnos estudien en lugares como Estados Unidos, China y Europa.

Y no sólo es el gobierno, parece ser que la mentalidad de ver a la educación como un medio para cumplir los objetivos de vida y un instrumento para ser competitivos, ha permeado en toda la sociedad. El 90 por ciento de las familias coreanas gasta en promedio unos 400 euros al mes en academias privadas (llamadas hagwones), que funcionan fuera del horario escolar, para complementar la formación de sus hijos.

Sin embargo, quizá en este país la fiebre por la educación ha llegado demasiado lejos. Los alumnos surcoreanos enfrentan jornadas maratónicas de estudio. Un alumno común de secundaria asiste a las seis o siete horas de clase en la escuela para, más tarde, recibir otras cuatro o cinco horas de clases privadas. Además del tiempo que dedica en su casa o en la biblioteca a realizar sus labores. En promedio, los alumnos de este país asiático estudian 16 horas más a la semana que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El examen para ingresar a la universidad, conocido como “suneung”, se ha vuelto la mayor pesadilla de los alumnos surcoreanos, quienes en algunos casos se han preparado desde la primaria para obtener los mejores resultados. El día de este examen, que dura ocho horas y media, el país entero frena sus actividades cotidianas: se reprograman rutas de aviones para evitar ruidos molestos, se cuenta con trenes y autobuses extras, la bolsa de valores abre una hora más tarde para evitar ocasionar tránsito vehicular e incluso se habilita un call center para casos de emergencia: si un alumno está por llegar tarde, un policía motorizado pasa a buscarlo. La razón: una vez inscrito a este examen, no hay posibilidad de volver a tomarlo nunca.

Un estudio hecho en 2011 por el Centro de Prevención de Enfermedades de Corea determinó que los alumnos de secundaria duermen únicamente 5 horas al día en promedio. La obsesión de los padres por el estudio es tal, que se ha tenido que instaurar una ley que prohíbe estudiar después de las 22 horas en los hagwones; también se ha tenido que crear una patrulla de inspectores que controla que se respete esta ley, debido a que los dueños de los hagwones cubren con cartones las ventanas para que no se vean las luces encendidas, o bien, imparten, a escondidas, las clases en las terrazas de los edificios. Las madres de los alumnos han luchado en contra de esta ley, e incluso han anunciado que, de continuar, los harán estudiar hasta tarde en sus casas y asistir durante sábados y domingos a las academias privadas.

La presión que sienten los alumnos surcoreanos por alcanzar la excelencia educativa ha alcanzado niveles tan altos que, en 2009, dos mil alumnos de diferentes niveles se suicidaron, y el 59 por ciento de los estudiantes confesó alguna vez haber contemplado el suicidio. Incluso, el Comité por los Derechos de los Niños de la Organización de Naciones Unidas ha declarado que el sistema educativo surcoreano viola los derechos de sus alumnos.

“Nuestros jóvenes no son felices, les cuesta hablar, son sumisos, no reaccionan, están cansados de estudiar y resignados a una vida sin diversión (si un adolescente va a bailar se le considera vago, así que no va). Las madres reúnen a veces a sus hijas un domingo, pero les ponen un profesor. Si yo tuviera un hijo, me gustaría criarlo en otro país para que pueda jugar. Muchos son empujados al suicidio, y si esto sigue así, los alumnos comenzarán a matarse unos a otros”: Anne Kwak, artista surcoreana, quien logró salir al conseguir una beca para estudiar en Estados Unidos, donde actualmente reside.

Publicado el 13 de agosto de 2014.

 

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