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Un buen líder escolar siempre “necesita mejorar”

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  • James Noona, académico de la Universidad de Harvard, explica que al admitir que existen cosas que desconocemos, nos abrimos a la posibilidad de aprender. Agrega que debemos celebrar a aquellos maestros y directores con el valor de reconocer lo que desconocen, y admitir que sin importar lo mucho que ya saben, aún ‘necesitan mejorar’.

James Noona es un académico de la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Harvard. Su investigación se centra en el diseño y creación de ambientes profesionales de aprendizaje para los maestros, y su impacto en las prácticas docentes y el aprendizaje del estudiante.

 

A continuación te compartimos la traducción de uno de sus artículos publicados en el blog de educación de Harvard:

 

“Nadie quiere ser etiquetado como alguien que ‘necesita mejorar’. La frase puede sonar benigna cuando se toma al pie de la letra. Sin embargo, en las rúbricas que evalúan el desempeño de profesores, administradores escolares, escuelas e incluso distritos, ese ‘necesita mejorar’ se ha convertido en una marca negra. Al interior del mundo escolar, el calificativo ‘necesita mejorar’ –a menudo a un paso de distancia del reprobado en la jerarquía de evaluación de las escuelas y maestros– es asociado  con una advertencia o señalamiento de que se requiere tomar grandes y desesperadas medidas para alcanzar la aptitud. Y es en este mundo, en el que las reformas contemporáneas de la educación están tomando lugar.

 

No obstante, el reconocimiento de que uno ‘necesita mejorar’ es un requisito previo esencial para el aprendizaje y, por extensión, para el mejoramiento escolar continuo. Al admitir que existen cosas que desconocemos, nos abrimos a la posibilidad de aprender.  De acuerdo con mi investigación ‘Aquí adentro, allá fuera: aprendizaje profesional y el proceso de mejora escolar’, en el que observé un liderazgo administrativo del director que buscaba incorporar las reflexiones y hallazgos por parte del equipo de sus maestros en el trabajo diario, creo que la normalización, e incluso fomentar una mentalidad de ‘necesita mejorar’, puede conducir a un mayor aprendizaje para todos en las escuelas: los estudiantes, los maestros y los directores.

 

Los adultos en distintos ámbitos laborales visten la experiencia como una armadura, y esta actitud defensiva, esa falta de voluntad para mostrar incertidumbre, es especialmente común en la educación. Los adultos que trabajan en las escuelas –como maestros y directores– ocupan posiciones de autoridad en las que se asume que es necesario tener cierta experiencia. Esta precepción de experiencia es un recurso vital, pero muy frecuentemente se confunde con una competencia infalible. Las grietas en lo que pareciera la impenetrable fuerte de la experiencia se confunden con grietas en la competencia del maestro o el director. Como resultado, los expertos –maestros y directores – dedican preciadas cantidades de energía a preservar una actitud de experto a cualquier costo, todo para evitar ser considerado incompetente. Y este modo de pensar, a su vez, los hace desistir de pedir ayuda y de la búsqueda de una colaboración auténtica.

 

Los directores de escuela que admiten desconocer algo, corren el riesgo de ser confundidos por incompetentes. Pero en vez de ser una debilidad, estoy convencido que la franqueza y la humildad que se requieren para pedir ayuda puede ser una fortaleza. Después de todo, el trabajo de un director o líder escolar no es un trabajo técnico. Su trabajo no se realiza a partir de procedimientos precisos que son correctos o incorrectos. Por el contrario, el trabajo de los adultos al interior de las escuelas es incierto y tenso, con muchos puntos de decisiones en los que la respuesta correcta no siempre es clara. Enseñar y aprender son actividades impredecibles y, por eso, aprender a ser mejores maestros (y mejores estudiantes) requiere ser capaz de saber manejar bien la incertidumbre.

 

En el proceso de mejora escolar, los directores deben distanciarse de esa confusión que existe entre experiencia y competencia. Si uno de los principales objetivos de la educación es cultivar una disposición al aprendizaje continuo y de por vida para nuestros alumnos, entonces debemos celebrar a aquellos maestros y directores con el valor de reconocer lo que desconocen, y admitir que sin importar lo mucho que ya saben, aún ‘necesitan mejorar’. Al cultivar estudiosos en vez de expertos, las escuelas y el sistema educativo pueden nutrir personas que puedan manejar la incertidumbre inevitable con facilidad”.

 

Publicado el 22 de diciembre de 2014.

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