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Papás: ¡dejen de pensar que todo lo hacen todo mal!

Padres e hijos Ediciones SM

  • Vivimos en un mundo de niños y padres estresados por cumplir expectativas. Un artículo de The New York Times ofrece consejos para ejercer una paternidad balanceada.

En la era de la información, los padres tienen al alcance un sinnúmero de consejos, recomendaciones y advertencias sobre la mejor manera de criar a sus hijos. Las opiniones de los llamados expertos, o de otros padres, a menudo pueden llevarlos a concluir que no están haciendo las cosas bien.

Por un lado, se dice los niños están sobreprotegidos, demasiado mimados y que son perezosos: “Monitoreamos las interacciones sociales de los niños; y si alguien dice algo rudo, lo llamamos bullying e intervenimos”, escribe Perri Klass en un artículo del diario The New York Times.

Por otro lado, sabemos que los niños de hoy están llenos de actividades, y que viven estresados por llenar las expectativas poco realistas e hipercompetitivas de los padres. Por ejemplo: que logren ingresar a una universidad de prestigio.

“Así que nuestros niños no están creciendo como quisiéramos porque somos padres peligrosamente sobreprotectores o demasiado estrictos y demandantes. Para resumir, todo lo que haces está mal”, dice con ironía la autora.

Klass subraya la necesidad de poner fin a ese criticismo, que muchas veces se da entre los mismos padres y que pone a todos en una situación imposible. “Si ayudas a tu hijo con una tarea difícil para la escuela, eres un padre sobreprotector. Si dijiste algo sobre la importancia de las notas escolares de tu hijo, eres hípercrítico y una máquina de estrés”.

Encontrar un balance puede ser complicado, pero es lo más deseable. El Dr. Kenneth Ginsburg, un pediatra especializado en medicina adolescente del Hospital Infantil de Filadelfia, promueve en su libro lo que él llama una paternidad-faro. “Debes mirar hacia las rocas y asegurarte que los chicos nunca choquen contra ellas, además de preparlos para surfear las olas”.

Este estilo de paternidad está entre dos extremos: el de los padres muy permisivos y los muy autoritativos. Según el Dr. Ginsburg, un padre balanceado diría a su hijo a través de sus acciones: ‘Te amo mucho pero soy tu papá (o mamá), no tu amigo. Te voy a dar muchas oportunidades para crecer, y la seguridad de que tendrás raíces firmes. Te voy a dar muchas oportunidades de cometer errores. Pero cuando algo tiene que ver con la seguridad, o la moralidad, vas a hacer lo que yo te diga porque yo sé lo que es mejor para ti”.

La autora reflexiona sobre su propia maternidad, y aunque desearía tener muchos de esos días de balance, sabe que también ha tenido días en los que es sobreprotectora y exigente. “Como padres, tomamos decisiones todo el tiempo”, dice Klass, poco antes de recordar un consejo que le dio su propio padre cuando se convirtió en mamá.

Le dijo que no hay acciones individuales, ni una decisión o un discurso que sean tan importantes o decisivos en la crianza. Que un niño entenderá quienes son sus padres por la suma de todos los factores: lo que hacen, cómo viven, el tono de voz, los valores, las excentricidades.

“Y de alguna forma, ese fue un pensamiento reconfortante”, dice Klass: “que la paternidad no es algo que podamos planear minuciosamente. Y que lo que realmente construirá el ambiente familiar que será formativo para nuestros hijos, es el tipo de personas que somos y la manera en que decidimos vivir”.

Fuente: The New York Times

Publicado el 7 de septiembre de 2016

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