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Lo que funciona y lo que no en la formación de lectores

Formación de lectores

  • Tras ocho años como desarrolladora de planes lectores para niños, Irma Ibarra nos cuenta cuáles estrategias funcionan y cuáles son mejor dejar de lado.

En 2008, Irma Ibarra se incorporó al equipo de Ediciones SM como Coordinadora de Literatura Infantil y Juvenil Prescripción. Y desde entonces, dice, ha notado una transformación importante en las escuelas con respecto a la formación de pequeños lectores:

“Hace ocho años la idea de muchos maestros se relacionaba únicamente con animar a la lectura o hacer actividades divertidas a partir de la misma. No había una cultura de la evaluación para la mejora de resultados ni una necesidad clara de mejorar la competencia lectora”, nos cuenta la lingüista y experta en promoción de la lectura.

Hoy, las exigencias de lectura del mundo contemporáneo se reflejan cada vez más en las aulas, añade Irma, y los maestros piden más instrumentos para verificar que los chicos comprenden lo que leen.

A continuación, nuestra experta enumera las estrategias que funcionan y las que no en la necesaria tarea de promover la lectura.

Lo que sí funciona:

·        Ser maestros lectores. Es imposible compartir lo que no tienes; el gusto por la lectura es algo que, si se tiene, siempre se querrá contagiar a los demás.

·        Generar espacios para el debate. Dar a los alumnos voz y voto como lectores les brinda cercanía e interés. Los alumnos del siglo XXI están acostumbrados a participar, a escribir lo que piensan, a defender sus posturas. La escuela debe ser un espacio donde se pueda discutir lo que se lee.

·        Partir de los referentes de los alumnos. Cuando los maestros incorporan actividades de lectura que los chicos hacen fuera de la escuela —como grabar un video, hacer un tráiler, escribir en un blog acerca de lo que leyeron— los niños perciben que la lectura es compatible con su vida cotidiana.

Lo que no funciona:

·        No funciona “evaluar por evaluar”. La evaluación de la comprensión lectora pierde sentido si no se tiene un parámetro claro de análisis de los resultados y un plan de mejora. Evaluar sin estos elementos sólo hará que los alumnos se sientan presionados y en muchos casos frustrados.

·        No funciona “hacer por hacer”. Toda actividad en el aula debe tener un objetivo didáctico claro, aunque ese objetivo sea leer por placer. Si vamos a leer para después escribir, debemos comunicarlo a los alumnos, dar pautas acerca de la actividad y valorar los textos con parámetros claros para después poder mejorarlos.

·        No funciona solo animar. El término “animación a la lectura” apela únicamente a la búsqueda del placer lector. Los maestros debemos ser conscientes que la competencia lectora se debe asegurar en la escuela y a veces nos enfrentaremos a textos no placenteros. Pero una vez que logramos comprenderlos quedará el placer que da resolver y aprender algo, y eso es mucho más trascendental que únicamente animar a leer.

·        No funciona leer solo un tipo de texto. En ocasiones, los profesores escogemos un solo tipo de texto: el que le gusta o domina el maestro. Si no leemos diversos tipos de texto limitamos el universo de los alumnos e impedimos que ellos encuentren el tipo de texto que les va a gustar o a enganchar.

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Publicado el 18 de mayo de 2016.

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