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Hay alumnos que no quieren aprender, por miedo al fracaso

miedo al fracaso

  • La lucha diaria de los maestros y padres de familia por exigir las mejores calificaciones y puntos, ha enseñado a niños y jóvenes que las recompensas y aplausos externos son mucho más importantes y reconocidos que el esfuerzo y la dedicación que invierten en aprender.

En un artículo publicado por el diario The Atlantic, Jessica Lahey, maestra de secundaria de Estados Unidos, alerta a los padres de todo el mundo sobre un problema que ha detectado con frecuencia en la relación entre algunos alumnos y sus padres: los niños y jóvenes suelen sacrificar su curiosidad natural y amor por el aprendizaje en pos de evitar el fracaso, del que tanto han escuchado a sus padres hablar.

Lahey señala que tanto los padres de familia como maestros y la sociedad en general, han enseñando a los estudiantes desde pequeños a “medir” su progreso a través de calificaciones, puntos y premios, lo que ocasiona que consideren que su potencial esta atado al intelecto, y que éste es más importante que formar su carácter. “Les enseñamos que deben regresar a casa de la escuela, orgullosos por mantener un promedio perfecto, por obtener trofeos en los campeonatos escolares, y por ser aceptados en las universidades más difíciles. Sin darnos cuenta, hemos enseñado a estas generaciones a obtener una perfección académica y extracurricular a cualquier precio, incluso si ello implica renunciar a los grandes desafíos del aprendizaje cuando éstos amenazan con arruinar su record de calificaciones perfectos. Les hemos enseñado a temer al fracaso, y ese miedo es lo que está destrozando su amor por aprender”.

De acuerdo con la docente, la lucha diaria de los maestros y padres de familia por hacer que “suban” las calificaciones y puntos, les ha enseñado que las recompensas y aplausos externos son mucho más importantes y reconocidos que el esfuerzo y la dedicación que invierten en aprender. “Los alumnos están tan preocupados por complacer a sus padres, que el miedo que antes sentían por el aprendizaje se ve nublado por el deseo de validarse ante sus padres y maestros”.

Y es que Lahey señala en su artículo que los niños y jóvenes no son aplaudidos por la diligencia y el empeño que ponen al perseverar ante un problema de matemáticas difícil, o al realizar una investigación científica desafiante. “Si al final de intentarlo la respuesta es errónea, o si llega a un callejón sin salida en su investigación, el alumno ha fallado, no importa si ha aprendido durante su lucha. Sin embargo, contrario a lo que los alumnos piensan, en estas situaciones difíciles es cuando más está aprendiendo”. Lahey explica que este tipo de desafíos obliga al alumno a resolver de manera creativa los problemas, a aprender a ser paciente y autocontrolar sus emociones y frustración. No obstante, el terror que sienten ante el fracaso, los ha llevado a tomar menores riesgos intelectuales, “les cuesta trabajo escribir borradores y no les gusta lanzar hipótesis o pensar en voz alta durante la clase, porque consideran que si fracasan en el intento de algo nuevo o desafiante, será evidencia de que no es tan inteligente como todos le han dicho que es. Es mejor estar seguro”.

La autora del artículo cuestiona si es esto lo que realmente queremos inculcar en las nuevas generaciones, “¿queremos alumnos con calificaciones perfectas pero que odien aprender?¿Estudiantes con grandes logros académicos pero aterrorizados de abordar lo desconocido?”. La maestra explica que para que alguien sea verdaderamente exitoso, se le debe permitir fallar y jugar a favor del aprendizaje, pero los padres de muchos niños han perdido esto de vista. “Están tan preocupados por el futuro éxito de sus hijos, que les impiden pasar por los obstáculos de su camino”.

Lahey invita a los padres de familia recordar que los mejores momentos de su niñez y juventud, fueron aquellas experiencias donde sintieron la emoción de enfrentar un desafío, donde se “perdieron” intentando y que, cuando fallaron, intentaron nuevamente hasta lograrlo por si solos. Todo ello “simplemente por la aventura y el placer inherente de aprender algo nuevo”.

Publicado el 17 de septiembre de 2015.

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