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¿El fin de las humanidades?

El fin de las humanidades

  • Un ensayo del crítico literario Jordi Llovet analiza los factores que ponen en crisis a los saberes humanísticos y propone que estos se impliquen en la vida cotidiana de la polis.

El problema no es nuevo: ya a mediados del siglo XIX los intelectuales comenzaron a preocuparse por la crisis que atravesaban los estudios de humanidades.

“Lo que se fundó en la Grecia clásica —el amor por el saber— y se mantuvo en Roma —la alabanza del ocio y el menosprecio del negocio—”, lo que conservaron los monjes en la Edad Media y lo que resurgió con el Renacimiento Europeo, comenzó entonces a librar “una batalla muy dura contra un enemigo de potencia”, escribe el crítico Jordi Llovet en un ensayo publicado por el diario El País.

Esos enemigos eran y siguen siendo —argumenta al autor— la ciencia, la industria, el comercio y la técnica. Y a ellos añade un nuevo factor, imprevisible hace 30 años: “el auge de las nuevas tecnologías”. El uso universal de los teléfonos llamados inteligentes, dice Llovet, “rebajan la inteligencia de aquellos que podrían dedicar su ocio a cualquier otro tipo de actividad”.

El autor no cree que la crisis de las humanidades se vaya a revertir, pero tampoco cree que vayan a desaparecer del todo los filólogos, los artistas, los historiadores, los filósofos, los escritores y los lectores. En su opinión, son ellos los que pueden lograr implicar las facultades humanísticas “en la vida cotidiana de la polis”, o dicho de otra manera, “convertir las humanidades en la punta de lanza de una restauración de la política”.

¿Cómo? Llovet propone algunos ejemplos: enviar a los mejores estudiantes a comentar las obras de la literatura universal a las bibliotecas públicas; no obligar a los profesores a hacer gestiones académicas que los convierten en burócratas; convertir a profesores y alumnos avanzados en los asesores de centros culturales; invitar a los empresarios a contratar graduados de carreras de humanidades, “como ya sucede en Estados Unidos”, dice, con buenos resultados.

Para este crítico literario y filósofo, los profesionales de las humanidades tienen la misión de conocer el pasado y transmitir el saber. “Su papel habrá de ser el de garantes de la permeabilidad entre las instituciones sabias a las que pertenecen y el progreso de la sabiduría, la democracia y la dignidad del ser entre los ciudadanos de un país entero”.

Fuente: El País

Publicado el 14 de junio de 2016.

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