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Cuatro autores de casa reflexionan sobre Literatura Infantil y Juvenil

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  • Toño Malpica, Mónica Brozon, Martha Riva Palacio y Verónica Murguía se reunieron en una mesa de debate convocada por el Fondo de Cultura Económica de camino a la FILIJ.

¿Dónde se acaba la literatura para niños y comienza la de jóvenes? ¿Y dónde empieza la de “adultos”? ¿Cómo viven los autores la apertura temática en la literatura infantil y juvenil? ¿Cómo enfrentan las demandas del mercado? ¿Qué opinan de los finales felices?

Estas y otras cuestiones fueron discutidas por Toño Malpica, Mónica Brozon, Martha Riva Palacio y Verónica Murguía, cuatro autores de SM que también colaboran con el Fondo de Cultura Económica. El Fondo convocó a esta mesa de debate en la librería Rosario Castellanos, como parte de un ciclo previo a la Feria Internacional de Literatura Infantil y Juvenil (FILIJ), que se realiza en noviembre.

El ilustrador y embajador de la FILIJ, Mauricio Gómez Morín, fue el moderador de la conversación, que comenzó analizando las borrosas fronteras de la LIJ. Para Brozon, clasificaciones como “infantil”, “juvenil” o “jóvenes adultos” son un asunto de mercado: “Si le ofreces algo muy complicado a un lector principiante de 16 años no le va a gustar; en cambio un niño que ha leído mucho a esa edad puede acercarse a lo que sea”.   

Riva Palacio coincidió: “No podemos concebir la edad como algo estático”, pues en la literatura siempre ha habido crossovers, dijo. Niños y adultos reclaman como propia una obra como Alicia en el país de las maravillas, por ejemplo.

Para Toño Malpica, la mejor definición de LIJ es “literatura que también les gusta a los niños y a los jóvenes”. Si un libro para niños y/o jóvenes es bueno, también le gusta a los adultos. “Antes los papás nos hacían leer a nosotros y ahora los chicos llevan los libros a la casa y enganchan a todos en la familia”, comentó Brozon.  

Se habló también sobre la apertura temática que hoy existe en la LIJ. Riva Palacio consideró que hay que tratar a cualquier lector sin condescendencia. “El gran reto es comprender que los niños y jóvenes están en el mismo mundo que nosotros, y lo que va a cambiar son los códigos con los que decodifican un tema. No tiene que haber diminutivos, ni siquiera ilustraciones. Los grandes temas de la literatura universal pueden ser para todos. Pero es importante partir de cómo nombran ellos la realidad para que no sea la visión del adulto que trata de imponer un discurso”.

Verónica Murguía abogó por la libertad de los autores de “escribir lo que se nos dé la gana”. En su opinión, hay una exigencia por parte del mercado, y ahora de las escuelas, de escribir historias “con valores”. O de que se promuevan ciertos temas por encima de otros. La autora de Loba también subrayó la necesidad de defender la fantasía, que “no es infantil sino universal”.

Publicada el 30 de agosto de 2016.

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