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¿Cómo proteger a los niños del frío del invierno?

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  • Las manos, los pies y las orejas son las partes del cuerpo más sensibles y expuestas al frío, por lo que los padres y maestros deben recordar abrigar con prendas como gorros y guantes a los niños más pequeños.

Todas las mañanas, millones de padres y madres se debaten angustiados entre asomarse a la ventana para checar el cielo, consultar el clima desde el celular, o incluso en las noticias. Es la hora de llevar a los hijos al colegio pero reina el invierno y temen que esos escasos grados centígrados terminen por afectar la salud de los pequeños.
 
El doctor Iván Carabaño, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos-Hospital General de Villalba  en Madrid, señala al diario El País algunos consejos simples que ayudarán a despejar todas esas dudas que atormentan a los padres responsables.
 
1. Como sospechábamos, el frío es traicionero. Hay una razón científica que explica el hecho de que haya más resfriados en invierno que en verano. “El frío dificulta los movimientos de los cilios (unos pelitos muy finos que recubren por dentro del aparato respiratorio), cuya función es atrapar los gérmenes y expulsarlos”, explica el doctor. A bajas temperaturas, con los cilios agarrotados, los gérmenes llegan para quedarse. En estas épocas son muy frecuentes las bronquiolitis o inflamaciones de los bronquiolos, los bronquios más pequeñitos”, dice el pediatra. 
Las reconocerá por el recital de toses, los mocos y la fiebre, y puede que por la dificultad para respirar y ruidos en el pecho como silbidos. “También se dan otras infecciones respiratorias que afectan a las vías bajas, como la bronquitis o la neumonía. Pero son más habituales las de vías altas, lo que se conoce como catarros”. La causa de la mayoría de estas dolencias son virus: esos gérmenes que han ganado la batalla a los cilios. A menudo, contagiosos, dejan las aulas vacías.
 
2. Hay zonas del cuerpo más vulnerables que otras. ¿Es más importante la bufanda que los guantes? ¿Es verdad que los resfriados se cogen por los pies? Manos, pies y orejas, confirma el doctor, son partes especialmente sensibles. “En climas muy fríos, como en zonas de montaña, podemos encontrarnos con cuadros de sabañones. Son lesiones de la grasa que tenemos debajo de la piel”. Las rachas de viento frío afectan especialmente al oído. “El oído medio es muy sensible a los cambios extremos de temperatura”, prosigue. Un gorro que cubra las orejas o unas orejeras son necesarios en días ventosos. 
 
3. Los niños no son más sensibles al frío que los adultos. ¿Sales a la calle en invierno vestido como si fuera a practicar esquí alpino? Entonces, ¿por qué hacer pasar por eso a su hijo? El termostato de los pequeños es igual que el nuestro: sienten el calor o el frío con la misma intensidad que nosotros. “Lo que siempre recomiendo a los padres es que utilicen el sentido común”, apunta el doctor Carabaño. “Por regla general, los niños no son más sensibles al frío que los adultos. Más bien al contrario: tienden a ser más activos. Corren más, saltan más y eso les facilita el hecho de entrar en calor”. 
 
4. Abrigarles excesivamente no es malo. “En todo caso, puede llegar a ser desagradable. El niño sudará y el sudor se quedará macerado por las sucesivas capas de ropa. Pero más allá de eso, no es perjudicial”, afirma el especialista. Valora si un poco menos abrigado tu hijo saldrá a la calle igual de protegido, pero además cómodo.
 
5. El truco de las capas funciona. Si duda entre poner al crío un grueso y pesado forro polar con una camiseta debajo, o convertirlo en una especie de cebolla superponiendo prendas, escoja lo segundo. “En climas muy fríos, lo mejor es utilizar distintas capas de ropa, aunque sean capas livianas”, dice el doctor. “Entre una prenda y otra se crea una mínima película de aire que tiene un carácter aislante”. El sistema de capas, además, permitirá al niño ir adaptando su grado de abrigo en función de la temperatura del cine, la casa o el salón del vecino.
 
6. Para dormir, no hay que pasarse. No todos los hogares comparten la temperatura. Sobre todo en estos tiempos difíciles, en los que muchos no disponen de una climatización óptima. En esos casos, habrá que suplirla abrigando al niño convenientemente antes de meterlo en la cama. Si por el contrario disponemos de una buena termorregulación en casa, podremos poner al niño una pijama normal y corriente. 
 
Fuente: El País.
 
Publicado el 16 de diciembre de 2015.

 

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