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¿Cómo crear un rincón de las emociones en el aula?

  • El enfado o la tristeza impiden que el niño aprenda ya que el cerebro da prioridad a la emoción, y como consecuencia, no puede focalizar su atención en otro asunto hasta haber resuelto ese tema. Aprende cómo crear un espacio donde tus alumnos puedan reflexionar y tranquilizar sus inquietudes.

El “rincón de las emociones” es un espacio creado dentro del aula para que los niños puedan vivir sus emociones sin reprimirlas, y sin interrumpir la dinámica de la clase. De acuerdo con especialistas, el enfado y la tristeza impiden que el niño esté disponible para el aprendizaje ya que el cerebro da prioridad a la emoción, y como consecuencia, no puede focalizar su atención en otro asunto hasta haber resuelto ese tema. Así, por mucho que se esfuerce, el alumno tendrá serias dificultades para concentrarse llegando incluso a sentirse culpable y frustrado.
 
La realidad es que, a veces aunque uno quiera, no puede luchar contra su organismo; de ahí la importancia de crear un espacio en el que pueda atender esta urgencia. Un espacio para atravesar su emoción sin reprimirla y poder recuperar la tranquilidad, para volver a estar disponible mientras los compañeros continúan con sus tareas sin interrupciones.
 
Si te interesa la idea, te compartimos estos breves consejos para que te animas a crear tu propio “rincón de las emociones” dentro del aula y disfruten todos de sus resultados:
 
1. Busca un lugar íntimo: recuerda que es importante elegir un lugar apartado e íntimo dentro del aula, o la escuela.
 
2. Crea conciencia de respeto: se trata de un lugar sagrado donde nadie debe ser molestado. Cualquier burla o interrupción puede estropear el proceso.
 
3. Diseña y construye una casita. Hazlo con la ayuda de tus alumnos, puede ser de madera, de cartón o de tela. También puedes delimitar una esquina con un mueble. Lo más importante es que el niño no se sienta observado por los demás.
 
3. Introduce un cojín. Para abrazar, golpear o acurrucarse. 
 
Aunque lo ideal sería que estuvieran acompañados por una persona cualificada en emociones, al menos este lugar supone un primer paso para no reprimir sus pensamientos. Pero, ¿cómo debemos actuar los docentes respecto a este espacio?
 
1. Entramos cuando nos sentimos inquietos, sin paz; salimos cuando recuperamos la calma. 
Puedes ayudar al niño si lo notas alterado y él no identifica qué le pasa reflejándole gestos y comportamientos: “te noto agitado”, “tu cara ha cambiado”, “pareces triste…” A muchos niños les cuesta identificar porque ya están desconectados de sus emociones, con lo cual ármate de paciencia, e insiste en reflejar con cariño. El ejemplo de otros compañeros más conectados puede servirles de gran ayuda.
 
2. Identificación de la emoción:
Antes de entrar, el niño ha de identificar la emoción y situarla en su cuerpo: dónde la siente en su cuerpo y cómo la siente. Por ejemplo; si siente un dolor en el pecho, o un calor en el estómago, qué es ese dolor, ¿estoy triste?
 
3. Observación de la emoción:
Sensaciones físicas y pensamientos, de qué tengo ganas en estos momentos: gritar, llorar, abrazar…
 
4. Identificación del conflicto:
Ponemos palabras a todas esas sensaciones y pensamientos: “Estoy enfadado por que mi mamá olvidó meter mi bocadillo en la mochila…”
 
5. Expresión y búsqueda de soluciones.
Busco mi parte de responsabilidad en el problema: ¿qué puedo hacer yo para calmar mi enfado? Por ejemplo, puedo expresar “por favor mamá, no olvides meterme hoy el bocadillo, pues ayer me puse muy triste y enfadado, cuando lo olvidaste”.
 
 
Publicado el 4 de diciembre de 2015.

 

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